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jueves, 27 de enero de 2011

Psicodelia: Efectos del LSD


Los expertos en la materia consideran que cuando uno ingiere LSD experimenta un ‘viaje’ porque tiene la sensación de que se traslada de un lugar a otro. Esta experiencia se puede dividir en cuatro fases:

  1. Fase de Subida: Entre 30 minutos y 1 hora tras tomar LSD, los colores empiezan a ensombrecerse, los objetos en movimiento dejan tras de si una estela. Incluso con los ojos cerrados se pueden tener visiones similares. Es común sudar y tener escalofríos.
  2. Fase de Meseta: Alrededor de la segunda hora, los efectos se hacen más intensos. Aparecen visiones fantásticas y alucinaciones visuales. Parece que no estás viviendo algo real. Estás fuera de tí mismo.
  3. Fase o Pico: El tiempo parece que se detiene y se experimenta una especie de traslación a otro mundo. Esta experiencia puede ser algo místico o, por el contrario, producir temor y miedo.
  4. Fase de Caída o bajada: Entre 5 o 6 horas después de la toma, van desapareciendo todos los efectos.

martes, 18 de enero de 2011

El uso, abuso y mal uso de los psicotrópicos


Gastón Castellanos
Neurocirujano, ex director del programa de Psiquiatría Biológica y Neurociencias de la OMS

El advenimiento de la psicofarmacología a mediados del siglo pasado marcó una revolución en la terapéutica y al mismo tiempo, como señaló el destacado farmacólogo Aurelio Cerletti, se inició una nueva era de “embriaguez química”.
El primer paso fue el descubrimiento que realizaron los investigadores franceses Henri Laborit, Jean Delay y Pierre Denicker, del efecto antipsicótico inesperado de un compuesto químico, la clorpromazina, que en ese tiempo se estudiaba como antihistamínico. Muy pronto, Paul Janssen, de Bélgica, sintetizó una nueva serie de compuestos, las butirofenonas, con gran potencial para combatir los delirios y alucinaciones característicos de los cuadros de esquizofrenia.
Por otra parte, durante el tratamiento de enfermos tuberculosos con el medicamento isoniazida, se observó su acción euforizante, que dio lugar a la síntesis de antidepresivos denominados inhibidores de la monoamino-oxidaza (IMAO).
En 1956, el psiquiatra suizo R. Kuhn durante el ensayo de una droga de supuesta acción antialérgica, la imipramina, descubrió con gran sagacidad su potente efecto sicoestimulante. A partir de entonces se sintetizaron una gama de antidepresivos tricíclicos, llamados así por su estructura química.
A partir de la década de los años 90, en la búsqueda de productos más selectivos, ocurre un nuevo avance con la introducción de la segunda generación de antidepresivos (ISRS) y de antipsicóticos atípicos, respectivamente.
La ansiedad, el pánico, el insomnio y la hipocondriasis son trastornos descritos desde la antigüedad. Sólo que, a finales del siglo XVIII, Cullen los englobó con el término neurosis. Para amortiguar estos síntomas se utilizó durante mucho tiempo calmantes, como los bromuros, el cloral, los barbitúricos y el alcohol, que en pequeñas dosis tiene un efecto estimulante y de desinhibición.
Fue en 1957 cuando el químico L. H. Sternbach, originario de Cracovia, investigador de una renombrada compañía farmacéutica de Basilea, descubrió la propiedad tranquilizante de las benzodiazepinas y se introdujo en el mercado el clordiazepóxido, en fármacos denominados ansiolíticos, cuyo empleo se ha extendido de manera vertiginosa. Se ha señalado que solamente el empleo crónico y en dosis relativamente altas puede ocasionar cuadros de adicción.
Ahora bien, esta breve revisión, un tanto académica, permite señalar que en la actualidad contamos con un vasto arsenal de más de cien drogas psicotrópicas, cuyo manejo adecuado es responsabilidad compartida del médico y del paciente, de las autoridades sanitarias en cuanto a la farmacovigilancia, es decir, reportar cualquier efecto tóxico que ponga en riesgo la salud, como ha ocurrido recientemente con los analgésicos Vioxx y Valdure, que fueron retirados del mercado. Es preciso hacer un paréntesis para señalar que el alto costo de los medicamentos impide el acceso a un gran sector de la población.
Además, es imperativo tanto prevenir el abuso y mal uso de estas sustancias legales, como combatir de manera drástica la epidemia devastadora de las adicciones a drogas ilegales (anfetaminas, cocaína, mariguana, morfina, heroína, etcétera). Es indudable el enorme beneficio que los psicofármacos aportan a los pacientes. La finalidad es brindar el mayor apoyo para preservar el equilibrio emocional y mental y el bienestar que todos anhelamos.


jueves, 11 de noviembre de 2010

Tratamiento psicofarmacológico para Trastornos de Personalidad


Los trastornos de la personalidad constituyen una de las categorías diagnósticas que más problemas han causado para su tratamiento con psicofármacos. Los trastornos de la Personalidad suelen ser bastante difíciles de tratar tanto en terapia como con fármacos y su clasificación diagnóstica no esta exenta de dificultades y discusiones. De todas formas constituyen la categoría de trastornos diagnosticados a través del DSM-IV más psicológicos que existen para la bueno y para lo malo. Por lo que es necesario que contemos con toda la información posible sobre los mismos.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Espectro de acción de los psicotropos


El original lo podéis encontrar en el articulo correspondiente de Wikipedia:

http://es.wikipedia.org/wiki/Psicotr%C3%B3pico#Espectro_de_acci.C3.B3n_de_los_psicotropos

Principios generales de la administración de psicotropos



Referencia de: (The Bethelm & Maudsley NHS Trust 1999 Prescribing Guidelines)
  1. La decisión de instaurar un tratamiento psicofarmacológico debe de producirse después de valorar sus potenciales riesgos y beneficios.
  2. Hay que realizar una completa evaluación de los síntomas del paciente que incluya un examen del estado mental y físico y tests de laboratorios. Esta evaluación ha de permitir establecer un diagnóstico clínico.
  3. Se tiene que evitar el uso de combinaciones de fármacos (polifarmacia) siempre que sea posible. Si es necesario, hay que tener en cuenta las instrucciones farmacodinámicas y farmacocinéticas.
  4. Se debe utilizar la dosis mínima efectiva.
  5. Tanto la instauración de un fármaco como su retirada han de llevarse a cabo de forma gradual. En situaciones agudas en las que esto no sea posible, tiene que valorarse que fármaco permite la respuesta clínica más adecuada. En la retirada de los fármacos pueden aparecer fenómenos de discontinuación, síntomas rebote y síntomas de abstinencia.
  6. En los cambios de un fármaco a otro hay que considerar la vida media del que se va a retirar por la aparición de posibles síntomas de descontinuación o de potenciales interacciones.
  7. En la retirada de los fármacos se debe considerar cuánto tiempo ha estado tomando el paciente la medicación y la posible abstinencia física o psicológica.